El gobernador de Puebla terminó su gestión en julio del año pasado, llevándose $900,000 dólares en sus bolsillos. No se trata de una práctica inusual en México, y seguro han escuchado historias de hechos similares en todo el país.

Pero si se perdieron ésta en particular, no se preocupen mucho—fue publicada mucho antes de que nacieran.

La historia surgió en el New York Times en 1892, pero el hecho de que siga siendo familiar aún después de tanto tiempo, resalta la lucha de México contra la corrupción de más de un largo siglo. Pero si nos detenemos con esta anécdota, nos perderemos una historia aún más interesante que está sucediendo actualmente. Queda claro que el reto de la corrupción ha persistido, pero la reacción del público está cambiando. Como nunca antes, la sociedad mexicana de hoy está tomando la lucha contra la corrupción en sus propias manos.

Para ser más precisos, o textuales, tal vez deberíamos decir que está peleando con sus propias manos. Los teléfonos inteligentes se han vuelto la herramienta anti-corrupción más efectiva, generalizada, y revolucionaria. Un mexicano que es testigo de un mal comportamiento puede grabar  el episodio y subirlo a las redes sociales en cuestión de segundos. Sólo basta agregar unos cuantos hashtags ingeniosos y los videos proliferan en la red. Funcionarios de la Ciudad de México y grupos de comediantes han sacado gran partido de esta tendencia, captando a vecinos cometiendo infracciones menores (tales como estacionarse en lugares prohibidos o conducir sobre los carriles destinados a los ciclistas), y ganando cientos de miles de vistas en línea. Los ciudadanos nunca habían tenido tal capacidad de denunciar para avergonzar.

También están los mexicanos que documentan la corrupción. El país es hogar de extraordinarios reporteros que cubren y descubren los más grandes escándalos. La periodista de investigación, Carmen Aristegui, puede ser la más conocida, especialmente después de que su equipo de investigación denunció el escándalo de la Casa Blanca del Presidente Peña Nieto. Pero hay miles de otros periodistas que comunican actividades sospechosas y que exhaustivamente revisan documentos públicos para hacer responsables a sus líderes. En 1996, la prensa mexicana publicó 502 artículos con la palabra “corrupción”, pero hacia el 2014, este número había aumentado a más de 29,505 menciones—incrementando la presión para que el gobierno actúe al respecto.

Finalmente, existen grupos civiles que llevan incidentes aislados de corrupción hacia movimientos sociales más grandes. Estos grupos han logrado persuadir y abrirse paso a reuniones con el gobierno, y hasta jugado un rol principal en la reciente legislación del Sistema Nacional Anticorrupción. Cuando no están reunidos con legisladores, están presionando la agenda. La propuesta Ley 3de3—que obliga a los funcionarios públicos a revelar sus declaraciones patrimoniales, de intereses y fiscal, define las reglas de conducta de los servidores públicos, e incrementa los castigos por corrupción—fue escrita y propuesta por un grupo de civiles. La propuesta va en buen camino para recibir las 120,000 firmas necesarias para ponerla en el plato de los legisladores y hasta viene con sus propios hashtags pegajosos como: #challengeadioscorruptos (reto adiós corruptos).

Siempre existe la pregunta de por qué son importantes estos esfuerzos— ¿no será que la corrupción engrasa los engranajes de las burocracias de alto nivel? La respuesta, parece ser, es más similar a echar arena al motor. Por supuesto que medir todo lo que es ilegal es tanto un arte como una ciencia, pero los analistas reportan que 44 por ciento de las compañías en México han dado mordidas y que la corrupción es el mayor factor que limita los ingresos de sus negocios. La corrupción disminuye la inversión y hace mal uso de los fondos gubernamentales, con una estimación del Banco de México de un asombroso 9 por ciento del PIB.

Luchar contra la corrupción toma tiempo—hasta siglos—y ningún desarrollo tecnológico o político garantiza tener efecto. Aun así, estos esfuerzos fundamentales son un nuevo y emocionante giro en un viejo cuento. Con cada video, artículo, y proyecto de ley, los ciudadanos de México dirigen un rayo de luz a las esquinas más oscuras del país. Puede ser que aún estos esfuerzos no sean suficientes para limpiar el sistema, pero es el comienzo para iluminar el camino de aquí en adelante.