La semana pasada, el Papa Francisco realizó su primera visita oficial a México. A lo largo del viaje, visitó varias ciudades del país, saludando a las multitudes y hablando sobre los retos más urgentes de México.

En particular, se dirigió a la clase política, denunciando la constante corrupción, violencia y narcotráfico, e instando a los funcionarios a mejorar las cosas. Cómo escribí hace poco, parece que México necesita otro momento, pero esta vez en estado de  derecho.

El Papa abordó temas profundos y urgentes de México, pero hay otro reto casi igual de urgente: Pemex. Después de la ambiciosa reforma energética de México, los precios globales del petróleo han golpeado sin piedad a la compañía estatal, diezmando su presupuesto de inversión y su habilidad para financiar operaciones básicas. La deuda de la empresa pronto sobrepasará los $100 mil millones y debe la sorprendente cantidad de $7 mil millones a sus proveedores de servicios. Para complicar las cosas aún más, la producción de crudo del país no ha remontado y la caída larga y dolorosa sigue de manera constante. Mientras que las empresas privadas empiezan con la producción de gas y petróleo a través de los 30  yacimientos recientemente colocados — y aquellos que se colocarán en futuras rondas de licitación —la esperanza es que esta tendencia dé marcha atrás poco a poco.

En respuesta, el gobierno y Pemex están adoptando medidas cada vez más drásticas y creativas. El martes de esta semana, durante la CERAWeek en Houston, el Presidente Peña Nieto prometió que el ajuste continuará y de manera rápida, a pesar del contexto internacional. Y a principios del mes, José Antonio González Anaya tomó las riendas como Director General de Pemex, empezando el poco envidiable trabajo de rescatar a la empresa. Las primeras tareas serán la reducción de gastos innecesarios, la reestructuración de operaciones, y encontrar más fondos. En relación a este último punto, la compañía ya está explorando opciones innovadoras—tales como el nuevo esquema sale and leaseback (venta y arrendamiento) —para pagar sus facturas.

Los precios globales del petróleo están fuera de las manos de México, pero no así los pasos que se requieren para salir adelante. El marco de la reforma energética ha sido admirablemente transparente y bien gestionado, y ver a los funcionarios tomar pasos tan firmes y dramáticos de cara a tales circunstancias extremas es una buena señal. Ahora el chiste es expandir esta actitud hacia los otros retos del país, empezando por aquellos impulsados por el Papa.

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